domingo, 4 de diciembre de 2011

LOS VECINOS


Fotografía  de María  Evangelina  Cobo Zaballa


Habían pasado más de  cuarenta años de la compra de la vivienda familiar, en Sol Mar...
Y... veintisiete  años viviendo fuera de la comunidad. En nuestro particular caso, la vecindad hacía y hacen parte del núcleo familiar  de  personas  queridas. Lo, mismo, en Castro-Urdiales que en Castellón de la Plana, en  las Arenas que en San Sebastián. En España que en *(1) Brasil. Sea en comunidades de ciento cincuenta vecinos que en comunidades de treinta. En piso de propiedad o en alquilado. Compartiéndolo con, dos, persona que con ocho. Con porteros y sin ellos. Nunca he tenido roce, disputa o discusión. Es más, sin la ayuda de los vecinos no hubiera podido solventar ciertos episodios. 
Me refiero, principalmente, a hechos puntuales graves y de necesidad. En, la Rua Ana de Barros,8, Sao Paulo,  Brasil, sin la pronta ayuda de las vecinas, Alejandrina,  Irene,  Elisa, Leopoldina, la mayoría de mis terrores de *(2) niña madre, se hubieran convertido, en angustia y calamidad. Sucedía lo mismo, en la calle, Judith Zumkeller. Allí,  Filomena y  María, se ocupaban de mis vicisitudes tempraneras.
En Sol y Mar crié a mis hijos junto a hijos de  vecinos, porteros y jardineros. Los porteros hacían parte del entorno protector. Cuando los necesitaba los tenía y con ellos a sus familiares. Sus hijos y los nuestros constituían el elenco juvenil de los juegos infantiles. Usaban mi camarote para realizar pequeñas habilidades artísticas.  Ni una sola queja, ni un solo disgusto.
De  la comunidad de Sol y Mar, en Castro-Urdiales, guardo un especial cariño y agradecimiento, a vecinos que salieron en mi ayuda cuando, mi marido, Jacinto Lo Coco Cortázar acompañado de un grupo de Fuerza Nueva, invadieron mi piso. Si no hubiera sido porque entraron en acción y llamaron a la Guardia Civil y a los Municipales, hoy, puede que no lo estuviera contando.
Eran las dos de la madrugada. Vivía con mis hijos, en  el piso de matrimonio, piso que la audiencia de Burgos y posteriormente, la Audiencia de Santander, había designado como vivienda. Escuché voces y golpes en la puerta. Por la mirilla, vi como, Jacinto Lo Coco Cortázar  y otros,  bajaban del camarote. Arriba, todavía, había gente…

-Por los años ochenta, en el piso de en frente vivían, la hija de María Ángela Lo Coco Cortázar,  Vincenza D´Amato Lo Coco, Francucha y su hermana, dos, personas al servicio de Vincenza. El piso donde vivían fue comprado con dinero de gananciales para pagar, una deuda que Jacinto Lo Coco Cortázar, había contraído antes del matrimonio. Cumplía meses desde la denuncia interpuesta  en la Guardia Civil por abusos y a continuación, las medidas provisionalísimas de mujer casada. Un día, cuando fui a entrar, en mi casa, salieron las tres, me agarraron por la espalda y me asentaron una, buena, somanta. Logré zafarme a mordiscos. Fui atendida y socorrida por Don, Agustín Monteoliva. Mis hijos y, yo, no estábamos asegurados. Todas las consultas que necesité y las medicinas que precisé nunca fueron cobradas. Cuando, el Dr. Monteoliva, se enteró de mi situación sanitaria y la de mis hijos me dijo, sin titubear, hasta que regularices tu situación, aquí, tienes, la  consulta privada para lo que necesitéis…-

Recordé la paliza y puse remedio casero, al evento, sartén con aceite a calentar. Pensé… como intenten tirarme la puerta, al primero que entre, le abraso.
Bajaron y empezaron a forzar la puerta. En esto escucho, a uno de ellos decir: ¡Anda dejarlo que han llamado, a la policía! Me aseguré que bajaban, y por el hueco de la escalera solté, el aceite hirviendo. Alguien dio un alarido. Cerré la puerta y de inmediato, salí al balcón de la cocina  de donde se puede ver la entrada a la comunidad.  Se habían resguardado en el portal de enfrente, para mi suerte, porque es un portal con acceso único. Pensé…por donde han entrado… tendrán que salir…
Era primavera y hacía bochorno. Las plantas estaban sofocadas y las macetas hervían al tacto. Fue una reacción instintiva de defensa e indignación. Tenía que lograr que, aquellos, energúmenos permanecieran atrapados hasta que la policía entrara. ¡Empecé, a tiestazo limpio!     Arrojaba las macetas, desde, un séptimo, piso hasta la entrada del portal. Entre la altura y la sequedad de los tiestos, el ruido era estrepitoso. Lo suficiente como para que a los delincuentes,  les entrara unas ganas locas de salir de la trampa. Dieron disparos, al aire, pero, hasta que no llegó, la Guardia Civil no dejé de lanzar artefactos,  de terracota.
Dos de las familias que estaban viviendo dieron fe de lo que había sucedido. Hubo condenas pero… yo, como siempre, no tenía dinero para seguir peleando y mucho menos ganas. Había recién terminado de ganar la batalla de mis hijos y de mi casa, no estaba el horno como para más  bollos. Nunca podré agradecer, lo bastante, a los vecinos de Sol y Mar lo que hicieron por mí y por mis dos hijos.  En ese, y, en otros, episodios  parecidos de mi vida.
Además, del cariño y protección que nos  brindaron los vecinos de Las Brisas, en Las Arenas. Guardo en el recuerdo, una muestra de humanidad extraordinaria. Feli y su marido, no midieron esfuerzos cuando, mi hijo, sufrió un terrible accidente. Nos dieron su tiempo, su coche y su capacidad de reacción para acompañarnos, en todo momento, hasta dejarnos en buenas manos.
En Castellón de la Plana, mantengo la amistad y el cariño con los vecinos de entonces, en particular, con Victoria y Teresín, piezas fundamentales de mi vida y sabedoras de quién era, el ex, en qué condiciones nos dejaba y cuales eran sus tendencias.
Con la muerte de Jacinto, volví a  la vivienda familiar de Castro-Urdiales, en Sol y Mar. El patio, se había modificado para mejor. Los vecinos de siempre, sin cambios, tan humanos y bien avenidos como habitual. Las familias, seguían la estela de solidarios y afables. ¡Buena gente!  Era una gozada ver, a los hijos de aquellos niños y adolescentes que, entonces, frecuentaban mi casa. -En el camarote, creaban  sus divertidas piezas teatrales, y  los preparativos para la venta de chuchearías- Ahora,  convertidos en padres, observar  a sus retoños era como ver repetido el tiempo pasado. Sus caritas, sus risas y gestos, una vez más, pululaban entre los portales, por los jardines y patios.
Sentí la falta de los antiguos porteros y personal de servicio. Sr. Feliciano, Sr. Benjamín y el Sr. Cubano, así llamaban, al jardinero que, por cuatro perras tenía, el jardín hecho un primor. En aquellos tiempos, no hacia falta decir a los porteros que la puerta de la entrada tiene que estar cerrada. Tampoco, había que decir que,  la claraboya que da acceso, al tejado tiene que estar candada. Y menos, había que avisar, a la administración, para hacer entender, al Sr. portero, que la correspondencia se da a la persona denominada, en las cartas. Tampoco, había que asesorar que, si la persona está o no está, en casa, no tiene que informar a quién pregunte, para eso está, el timbre y para eso, se paga el sueldo a un conserje para  que suba  y constate si la persona está o no está. Y menos, hacia falta recordar que, todos, los vecinos pagamos igual y  merecemos, el mismo trato. Tampoco, había que decirles que las llaves de la comunidad no pueden estar en manos de terceros. Y menos, había que asegurar que quienes pagamos somos los propietarios no la administración. Tampoco, había que recordarles que la normativa de trabajo es para todos iguales, al trabajo hay que venir limpio de residuos vinateros.
Pero, claro, en aquella feliz época… Tampoco, había, en la comunidad, propietarios ni porteros, en  estrechísima, relación con gremios de la construcción ni con el ayuntamiento de Castro-Urdiales. Y tenemos una de averías…de las de Pepe gotero y Otílio…
Y…a mi entrada y salida… hay quienes…  rocían y preparan, mi piel… para el guiso que amenazó, Daniel. Porque, en Sol y Mar, me está pasando lo que me pasaba, en Portugalete. Donde, dos, únicos vecinos, intrínsecamente relacionados con el ayuntamiento y con los gremios de la construcción, se han apoderado de mi propiedad y han hecho y desecho lo que han querido y quieren.
Desde que tengo cuarenta y siete años  llevo soportando, a esta banda de acosadores, de aquí y de allá. Elementos  organizados para el robo de personas que están en mis mismas circunstancias. La documentación y los nombres de las personas implicadas, en los respectivos ayuntamientos, se encuentran…

*¡Macario, muñeco! como te vuelva a ver alrededor, la próxima, pongo señas y apellidos. Lo mismo  digo, al de, los toldos, al amigo del hijo, del Sr.,   del Colmo de Portugalete, al chico del dieciocho y a los tapiados. Iros a vigilar a la vuestra ¡Qué raro…! Esos, pajaritos triperos, pertenecen al gremio de la construcción, electricistas, escayolistas… Suelen acompañarme, toman el mismo autobús y en el sitio donde llego está, otro, de la banda esperándome. En Bilbao, el enlace del de los toldos, es uno de Portugalete, que vive en… ¡Tú, puerco, ojos negros! Y se lo he dicho a mi amiga…y a la amiga de mi amiga…Y la amiga…se lo ha dicho a su amiga…Y su amiga les ha visto…y se lo dicho a…

*(1) 

*(2) Con doce años y medio estaba al cargo de la casa y de mis hermanos. La pequeña recién nacida.

María Evangelina Cobo Zaballa
Castro-Urdiales   (Cantabria)