domingo, 24 de julio de 2011

SANTIAGO EN WISCONSIN




¡Era verano y me iba a las Américas! De esta vez, como profesora y tutora. ¡Quería sentir de cerca, el sueño americano! 
Sí, yo, María Evangelina Cobo Zaballa, hija de Ángel Cobo Hernández y de Juana Marta Evangelina Zaballa Azcona,  emigrantes en Sao Paulo, Brasil. A pesar de los pesares, había conseguido una meta más en mi vida. Un pequeño deseo se convertiría en realidad. Conocería en vivo y en directo, al pueblo de los Estados Unidos de América.
Mis experiencias como emigrante están  inmersas en el influjo de raíz sajona. Mi hermano y yo, fuimos recogidos y queridos  por una familia anglo irlandesa, los señores, Maggy y John,  padres de Helena, casada con Wilson que, desgraciadamente, no he podido volver a saber de ellos por más que lo he intentado.              
Wilson, trabajaba con mi padre en la, Diversey Wilmington del Brasil. Cuando  se enteró que mi madre estaba en el hospital nos llevó a su casa. Wilson, vivía con  sus suegros, en la Parada Inglesa, en el barrio de Santana. Contaba mi padre que los antepasados de Mr. John y Mrs. Maggy, cedieron terrenos al ferrocarril de la Cantareira y en agradecimiento,  el apeadero de ese trayecto pasó a llamarse,  Parada Inglesa.
Después vino, la familia belga alemana  de mí amiga Frida, la de Margarita de origen austriaca  y luego,  el amor con  aires de Danubio Azul recorriendo sus venas.
Mi juventud floreció junto a   los Kennedys,
Martin Luther King Jr.,
Ray Charles,
Elvis Presley,
Marilyn Monroe,
Aretha Franklin,
The Beatles,
Brenda Lee... 
Soy hermana del, rock an roll, del twist, del soul, del jazz, de los jeans, la coca-cola y me muero por un buen perrito caliente y una enorme hamburguesa a la holandesa.  Probé el éxtasis del amor literario  en, “Lo que el viento se llevó”, y mi alma, se estremeció con los  asesinatos de, John Kennedy y Martín Luther King Jr. Y pasados los treinta, elegí, como asignatura optativa,  literatura Americana en la Universidad de Deusto y en la Universidad del país Vasco durante los dos cursos de doctorado opté por créditos relacionado con el tema.
En el noventa y dos, nada más  terminar los cursos de doctorado. Conseguí  una beca del gobierno vasco. Sería la tutora y responsable de un grupo de jóvenes estudiantes,  rumbo a USA. Estaba más contenta  que unas castañuelas. Tenía todo dispuesto. Junto con el equipaje llevaba una esperanza, trabajar  como profesora de español. Se ganaba tres veces más que aquí. Al mismo tiempo, me pondría  en contacto con el investigador que había realizado, una tesis sobre, John Stevens, uno de los escritores y traductores que, según dicen, había plagiado a la escritora española, María de Zayas y Sotomayor, razón de mi tesis doctoral. Era una oportunidad. Estando allí sería más fácil. Eso, sin hablar del dinerillo extra que entraría en mis bolsillos.
Antes de salir, prometí a los padres de los alumnos que velaría por ellos como si fueran mis hijos.  Y así lo hice.


Mis primeros quince días, en Milwaukee, Wisconsin,  de ensueño. Fuimos acogidos con esa alegría y generosidad que nace de la misma tierra americana. Las familias estupendas. El lugar igualito  a  una descripción de Walt Disney. 
Verde, rodeado de lagos y de coloridas praderas. Edificios, mansiones y casitas. Las casas, de lujo, no tenían verjas y por los jardines, aparecían y desaparecían, ardillas, pájaros carpinteros y pequeños bambis. 
Los habitantes de Milwaukee vivían en esas casas  y en otras, mayoritariamente,   prefabricadas. Ocupaban  su preciso espacio en terreno individual. No faltaba nada. Cada una tenía, pequeño jardín y  piscina. Estaban situadas en los alrededores de la  capital y componían reducidas comunidades de vecinos. De iguales tenían  que no usaban verjas y en todas presidía la bandera. Mis alumnos y yo compartimos la misma diversidad de alojamiento.


Como todos los nacidos en territorio americano, las familias eran un crisol de mezclas. En mi zona  predominaba la mezcla sajona. Por lo general  libres, afables, deseosos de agradar y de hacerte la estancia feliz. La comida  como en cualquier otro lugar, cada uno con la particularidad de su bagaje cultural. Se alternaba, el chucrut con el potaje, el churrasco con la hamburguesa, los espaguetis con el arroz y se tiraba de, coca-cola y de cerveza. El desayuno abundante, el café flaco. El almuerzo ligero y la merienda-cena copiosa y a gusto del consumidor.
Indistintamente de su credo o condición, los vecinos, solían reunirse en fecha  estable para tratar problemas de su entorno inmediato. Las reuniones eran rotatorias, estaban ideadas, organizadas y dirigidas por mujeres,  vestigio ancestral de sus primeros escarceos después de Mayflower.
Disponían, las reuniones en casa, por la mañana, tomando el desayuno. Cada una de ellas con su recién horneada  tarta o fiambre,  aportaba a la reunión  noticias de las necesidades locales  y su posible solución.
La mujer americana tiene ante la vida una actitud independiente. Van solas a doquier.  Sus actividades sociales son relajantes y enriquecedoras, tenis,  bolea americana,  encuentro con las amigas, participación en  actividades sociales y culturales. Trabajaban  dentro y fuera de casa. El núcleo familiar aglutinaba  las variadas fiestas conmemorativas. En verano, al aire libre. Rodeadas de globos, banderitas, farolillos, vecinos, amigos y familiares. Las mesas repletas de dulces y pastelitos caseros. Subían, bajaban, entraban, salían, llevaban, traían, en fervoroso  movimiento familiar y festivo,  impregnadas de entusiasmo  y del olor a churrasco que luego sellaría las ávidas bocas  del encuentro.
Devotas o no, vestían lo que les venia en gana. Discutían de lo que querían y se posicionaban, en lo que entendían, sin ningún tipo de miramiento. Tenían las mismas dificultadas que tiene una mujer para llegar al mes. Las mismas quejas de los maridos, hijos, vecinos y familiares. Achacaban, a éste o aquel gobierno, la subida de los impuestos, la carestía de la vida y el robo descarado.
Las comunicaciones, así, como sus carreteras, autopistas, amplias e interminables. Podías tomarte lo que quisiese sin salir del vehículo. En los restaurantes, la comida más que abundante y el precio razonable. En los grandes almacenes, te podías aburrir a la hora de escoger. En la ciudad, tenías a tu alcance lo que en cualquier otra ciudad de España, solo que todo era a lo grande, los edificios, comercios, cines, teatros, museos, universidades y bibliotecas. Los becarios, admirados, miraban la urbe  como   Alicia en el País de las Maravillas. 


Paseando por   sus calles y chapurreando con sus gentes, puede percibir el orgullo negro con su belleza de ébano y su porte faraónico. Me enteré de nuevos  nombres  de  mujer como, Scarlet O`hara y Melany. Conocí otras vidas como la  de Hester Prynne. Supe de la existencia de muchas cabañas del tío Ton. El Gran Gatsby merodeaba por el ambiente y Bukowsky andaba de escaparate en escaparate.
En compañía de mi primera familia asistí a reuniones, fui a la bolera americana, con la Sra. Doña, Linda y amigas, participé en un partido de rubby, Pasé un fin de semana con Robin y pareja pescando frente a un lago. Me llevaron a conmemoraciones locales y nacionales. En una fiesta, de tradición alemana, les conté la historia de mi vida y el porqué estaba tan feliz y emocionada. Me enteré, que por sus venas corría sangre india y conocí, la historia de amor de sus antepasados. Algo de ello había notado en los rasgos de su único hijo, un chavalote alegre que nunca dejo de ayudarme. Cuando enfermé, mi familia americana  me llevó  al hospital. En el hospital conocí, el justo modo de  recetar. Las pastillas para la rinitis fueron contabilizadas. Con mi primera familia y sus familiares  estuve en perfecta armonía  y no me faltó,  cariño ni atención. Por tener, tuve, hasta, un colchón de agua, una de mis más gratas sorpresas  ¡Que gustirrinin daba dormir flotando!
Pero… ¡Qué poco dura,  la alegría en casa del  pobre! La mía duro, justo, lo necesario para saber  que no era difícil trabajar, temporalmente, dando clases de español. Por mi parte,  cumplía, religiosamente, el deber diario de ponerme en contacto con mis alumnos y sus familias americanas. Todos estaban contentos como  trikitrichas. Bueno, todos, todos,  no.  Tres de los jóvenes becados no estaban a gusto. Intenté por todos los medios ponerme en contacto con los responsables de la organización. Los estudiantes descontentos hicieron lo mismo. Como veía que el tiempo corría,  las vacaciones transcurrían y que no se había dado solución. Comenté lo que sucedía, a mi familia y a las del grupo y el asunto se resolvió.
Las familias del grupo se hicieron  cargo de los tres becados. Yo, del todo satisfecha  porque hice todo lo que había prometido a sus padres, velar por sus hijos como si de los míos se tratara. Los jóvenes estudiantes habían venido a convivir con las familias americanas durante sus vacaciones. Si, las  condiciones no se daban, justo era que, cuanto antes, se diera solución  para que pudiesen disfrutar del verano aprendiendo inglés y conociendo, la cultura americana.
No sé como pasó y quién tiró la primera piedra. Sin comerlo ni beberlo. Mi sueño americano se convirtió en pesadilla. Esperaron a que regresara con mis alumnos  de una de las excursiones más significativas. Me invitaron a meterme en un coche. Me sacaron de la familia. Me retiraron del grupo de estudiantes. Me llevaron a otra familia. No me dieron explicación alguna. Y me dijeron que, tenía que abandonar, el país de inmediato. La compañía que me había contratado había prescindido de mi trabajo y me enviaba un billete para volver, a España, al día siguiente. 


La segunda familia vivía en una casa de lujo no por ello fueron menos atentos y cariñosos. Me llevaron a conocer, las praderas de Milwaukee. Supe que tenían cuatro hijos propios y uno adoptado. Participe en una colecta solidaria y en un picnic. A grandes rasgos, les conté mi vida y miedos. Les revelé mis sueños. Les dije que  no pensaba   abandonar el país de forma alguna  y menos en aquellas condiciones. Dejé bien claro que estaba sola, en un país extranjero, que tenía contrato y beca. Y, que lo único  que había hecho era cuidar  de los estudiantes, una, de ellos, menor de edad. Añadiendo hasta la saciedad  que el bien de mis alumnos y mío repercutiría,  en el bien decir de su país.
Nunca supe quién tomó la, bendita, decisión y digo, bendita, porque sabiendo lo que sé, ahora, estoy completamente convencida que, los cocodrilos, la familia Lo Coco Cortázar, bajo el mando y control del Excmo., e Ilmo., Gaetano Lo Coco Cortázar,  habían decidido mi suerte. Ese año y por esas fechas vendieron, sin mi consentimiento o autorización, todos mis bienes gananciales y se los habían  repartido. En aquellos cruciales momentos,  mi vida  valía menos que una perra chica.
Me llevaron a otro lugar y con otra familia. La carretera de acceso estaba custodiada por  gigantescos  árboles que en lo alto se entrelazaban formando frondosas y refrescantes  catedrales, cuyas, verdes cúpulas  acariciaban, el cielo. La mansión  se miraba  a un lago, sin mácula, era preciosa por dentro y por fuera. Al verme aislada, lejos de los alumnos y sin poder comunicarme con nadie,  empecé a preocuparme. Pero, como no había hecho nada de lo que me tuviera que arrepentir  estaba, así,  como el lobo con un ojo cerrado y el otro abierto.
A pesar de lo irregular de  la situación, hice buenas migas con la familia, P. sobre todo, con Mr. Bob. Ello sucedió inmediatamente después, de un interrogatorio sobre mi vida y milagros. Nunca más volvió a preguntarme nada. Mr. Bob era de ascendencia alemana y de vez en cuando, me hablaba en alemán.  Se dedicó a enseñarme todos los gozos y conquistas de su valiente vida. Gracias, a él, tuve la oportunidad de pasear,  en un haiga. Me contó  la muerte de su hijo en Vietnam y  el dolor de la familia. Un buen día me pregunto: ¿Quieres ver un refugio? Y, ¡allá que me fui a ver el refugio anti nuclear! Con mucho sigilo y emoción me dijo: Ves, si un día pasara algo, aquí estaríamos a salvo. Y, yo, con la naturalidad de la confianza que me había dado le pregunté: ¿y… para qué quieres un refugio, si cuando salgas no vas a encontrar nada donde rascar?…
Su mujer, me recordaba a, doña Meggy. Menuda, con sus ojillos vivos y celestes y aquella manera tan especial de mostrar su espiritualidad. Ella, hizo mi estancia  llevadera,  en tan horrible situación. Se preocupaba por saber  noticias de los alumnos y de mis hijos y  las trasmitía con ternura y calma.
El matrimonio vivía con una hija, Miss R. que sabía hablar español y tenía una gata que se llamaba, mariposa. Solía cantar, “de colores de colores es el arco iris en la primavera”.
R., junto con una amiga, no me dejaban ni a sol ni a sombra y me llevaron a todos los sitios que puede uno visitar. Pero nada desvanecía, aquella  pesadilla, ni la  desazón y la responsabilidad de no poder estar con mis alumnos. Y como no lograba entender, nada de nada, pues, nada.
Pasaron muchas cosas que no recuerdo con precisión, el caso es que fuimos al consulado de España, en  Chicago para preparar mi regreso.
Sí. ¡Conocí la ciudad de los Alcapones! Me llevaron al  museo y circulé por aquellas famosas calles, con el corazón  a ritmo de paso doble, sobre todo porque tenía cita con el cónsul de España.
Tomé conciencia  de la gravedad de mi situación cuando, el cónsul de España,  me dijo: cuando estés dentro del aeropuerto no te pares, en ningún lugar, ni hables con nadie y si te hablan, en ruso no digas palabra. ¡Como no sea, da,  ochichornia o spaziva!…contesté medio riendo. La mueca del cónsul aclaró el resto  ¡Hale! ¡Lo que me faltaba, espía rusa! ¡Buena burra hemos comprado pensé! Menos mal que me avisó porque tengo costumbre de ponerme a charlar sin preocuparme,  si, el que tengo delante es americano, ruso, africano o chino mandarino. ¡Es un hábito de infancia! Criada como me crié entre emigrantes de toda raza, credo y color. Y, siguiendo el significado de  las siglas de mi colegio, SAA, solidaridad, altruismo y amor...
Hoy,  hace  diecinueve años  que fui a misa con la familia P. Nunca podré olvidar, día, hora, lugar. Festividad  de Santiago, a media mañana, en la iglesia Episcopal de Milwaukee. Mrs, P. me cogió  de la mano y me dijo: eres muy fuerte y muy valiente, nada ni nadie impedirá que consigas realizar tus sueños, ya lo verás. Ahora reza…Y recé ¡Ya lo creo que recé! Como  en la vida había rezado y lloré, de verdad que lloré como una Magdalena, mientras, el sacerdote bendecía, el cáliz.
No sería la última vez que me sucedería algo parecido en otras fechas, otro país y con otras gentes.

   * Durante el verano de 1992, sin ni tan siquiera sospechárlo, un grupo de gente cuidó de mi vida y hizo posible que llegara, a mi destino sana y salva. Desde aquí, quiero agradecer, a cada uno de vosotros y de vuestras familias,  el  esfuerzo desinteresado, en beneficio  de la justicia y de la propagación del bien hacer y bien decir de un pueblo. Muchas gracias, os recuerda con cariño, Eva.





María Evangelina Cobo Zaballa
Castro-Urdiales    (Cantabria)



* Watson…No sé quién hace esto ni el porqué… ¡Ni desde cuando!
Pero como veo que le gusta tanto…tanto…tanto…mi blog…hasta el punto que sale su www.mybestcv.co.il/TextPage.aspx?id=7978235
He decidido añadir los textos y de esta manera dar más satisfacción al insatisfecho…
Aviso…yo, no comercializo con mis artículos…letrillas…letrinas…traducciones… ¿Vale?