viernes, 21 de febrero de 2014

CASTRO-URDIALES NINITA Y LAS TONTITAS


Como has sido bueno y diligente, Watson, voy a resarcir tu curiosidad…pero ten las cosas bien claras…se trata de recuerdos infantiles…Yo, ni quito ni pongo rey. Me remito a mis vivencias. Por supuesto, compartidas con las gentes de mi generación y de las anteriores.
Dicen que, la señorita, Ninita,  era forastera. Hija única y adinerada vivía con su madre viuda.  Se casó con el amoral de turno. Según los lugareños, hija y madre, estaban enamoradas de aquel don Juan, de poco pelo, que lucían como pavas. De la noche a la mañana, el sinvergonzón, desapareció…
¿Con la vieja?
Pero que dices, Wa…
Sólo. ¡Sólo, no! En compañía de todos los haberes de aquellas, solitarias, mujeres que, confiadas, habían pasado a nombre del corrupto. Las infelices se quedaron, en estrecha compañía de la miseria, y, sin qué llevar a la boca. El pajarito sumió. Según cuentan… al bajar de estatus monetario adquirieron pedigrí popular- Sí, Wa, sí para que te enteres de por qué insisto en mi honrado mote, “Osa”, porque los pudientes castreños, los de abolengo, por lo general no tiene titulo nobiliario…Puede que entre cuchicheos se les llame fulanito de tal o de cual, pero, lo que es bautizo público con dichos, en rima y con la música apropiada…pues, como que no- Fue, entonces, cuando se propagó éste cantar…la/ pava/ la /pava/ tan/ rica/ como/ estaba/ después/ de/ bien/ cocida/ después/ de/ bien/ asada/…
¡Uiii qué malos!
¡No es cuestión de maldad es costumbre popular! Y como, para el bien vivir personal, hay que vender la burra aunque esté coja…los motes llevan, en si, la historia de un pueblo. “Por tus motes te conocerán…hace dos días he mantenido una conversación muy jugosa y entretenida sobre motes y peripecias de castreños. Y mira lo que te voy a confesa, Watson, todos los desplazados, emigrantes  de Castro-Urdiales. Todos, estén en Madrid o en la Chichapampa. Todas, absolutamente, todas con los  que he intercambiado parte de la memoria colectiva, cuentan los mismos chascarrillos y hazañas de su lugar de origen…
Viene a cuento las escenas, en Sao Paulo, Brasil, cuando mis padres se reunían con emigrados de España, Italia, Alemania, Irlanda, Inglaterra…todos soltaban su particular y privado mote o chascarrillo…Cuando les tocaba a los castreños, los consabidos…Te acuerdas… fulanito… cuando la parejita de recién casados se fueron de viaje de luna de miel, desde la estación de Castro-Urdiales y se olvidaron de cambiar de vagón…y cuando estaban llegando al lugar de partida…exclamaban estupefactos…Mira…  se parece al Cueto…Oye como el Castillo Ocharan…¡Ahí va! ¡Si la estación es como la de Castro! Luego, contaban lo que le pasó a don Cesáreo el médico…que si envolvió…la receta en una piedra de carbón…que si la tiró por el balcón…que si la receta no obtuvo el resultado deseado…y que si el enfermo apareció, en la consulta médica, con  toda la boca tan negra como la piedra en la que don *(1) Cesáreo había envuelto la receta…dicen tenía la lengua hinchadísima de tanto chupar y chupar…
Si me pongo a enumerar los motes y sus correspondientes historias no acabaría…No te olvides nunca que nosotros somos, “Los osos”, por fuerza, no por corruptos ni por ladrones. Toma otra letrilla popular del bisabuelo, Juan Cobo Ruiz…El/ oso/ con/ los/ bigotes/ taran/ tan/ tan/ tenía/ un/ puesto/…
¿Y que fue de Ninita? ¿La conociste?
¡No la voy a conocer!  Ninita, vivía en la calle Belén, cerca de la casa de mis amigas Carmela y Merche Arozamena. Justo detrás del edificio de Los Chelines. La madre era una señora mayor y cariñosa. Ninita, era menuda. Llevaba la melena corta, medio ondulada y teñida de rubio. Las uñas a lo gavilán y pintadas de granate. Daba clases
en el mismo lugar descrito. La recuerdo como si fuera hoy. Yo, tenía cinco años. Mi madre acababa de partir, para Sao Paulo, a reunirse con mi padre. Mi hermano y yo nos quedamos al cuidado de los abuelos Flora y Ángel.
Nunca fui mala niña, sí, curiosa y preguntona. Según, mi padrino José Bildosola, y otros, poseía una memoria prodigiosa que mi padre y  cuadrilla, Jesús Albo, “El potroso”, Garitacelaya, Puente… ponían a prueba en el bar del resbalón. No recuerdo, con precisión, el porqué de la trifulca, pero, se montó una, Wa... ¡de traca... tra! Son pinceladas...mas bien… brochazos…Ninita, me arreó unos cuantos batacazos con el palo santo…yo, la di puntapiés y la mordí.
Jolines, morena… ¡Con que no eras mala!
Va, Watson, va. No seas cazurro… ¡Defenderse no es ser mala!
Bien…pero… sigue tirando de la manta que ésto  promete más que el gato fugato…
Cuando entre madre e hija me agarraron,  yo, había pescado la puerta…y unos que pasaban me auxiliaron…Ninita tenía marcas de dientes. Yo estaba gibada a palos y llena de arañazos. Se presentó mi abuela Flora… y salieron madre e hija pidiendo socorro porque, la mujer del oso, las quería abrazar. El abuelo que estaba en la huerta, bajó y se fue directo, a  casa de la señorita, sin dejar el cesto con los apeos de labranza- Todo muy normal debido a las circunstancias. Para mis abuelos paternos la única nieta cercana y bajo su tutela y responsabilidad. Para los maternos la primer nieta- Para más cisco se enteró mi abuela Paca  Azcona que andaba alrededor de la Venta. Ni que hablar tengo… ¡La marimorena fue poco, Wa! A la cita, solamente, faltó mi bisabuela Isabel Azcona Isla y porque no se enteró…
Mis abuelos remarcaron y dejaron bien claro que, allí, los únicos que tenían derecho a pegar eran ellos. Que a la señorita, Ninita, se la pagaba para enseñar cuentas ni palos ni uñas.
Por eso me acuerdo, Watson. No volví donde Ninita y cuando la veíamos cantábamos…la/ pava/ la/ pava/ tan/ rica/ como/ estaba/ después/ de/ bien/ cocida/ después/ de/ bien/ asada/…
¡Pobre señorita Ninita!
Lo que es la vida, Watson, a pesar del tiempo transcurrido. Con  lo que he tenido que pasar y estoy pasando. No puedo dejar de reflexionar sobre Ninita y su madre…Dos tontitas útiles. Tan tontas como  creyentes y seguidoras de las enseñanzas acumuladas por los siglos de los siglos. Si, en la actualidad, se hace… ¡Imagínate, Wa! En aquellos tiempos en el que las mujeres no podían… ni…ni…ni…


*(1) Fotografía: Don Cesáreo



María Evangelina Cobo Zaballa
Castro-Urdiales   (Cantabria)