sábado, 21 de abril de 2012

¿QUIÉN DESCUBRIÓ BRASIL?





En pie de guerra transcurría el siglo XV, entre, conquistas, colonizaciones y descubrimientos. ¡Que manera más elegante de dar nombre a tan bárbara invasión! El entonces omnipotente reino de Portugal deseaba controlar el comercio de Extremo Oriente y lo llevaba a cabo, como todos los demás, armados hasta los dientes. Harto estaba Enrique, “El Navegante”, de invadir, ocupar y anexionar tierra ajena a la corona lusitana. Madera, Azores y Cabo Verde, sirvieron de trampolín a las naves portuguesas para pronto alcanzar las costas brasileñas. No fue porque sí. No se embarcaron rumbo a lo desconocido por nada. Los "mandamás", de entonces, ladinos como los de ahora, bien que sabían a dónde enviaban a sus hombres. ¡Si es caso, los de su especie y pasta iban a despilfarrar sus maravedíes, en encomiendas solidarias sin ánimo de lucro! Respetando las distancias, no existe mucha diferencia entre el maléfico conjuro realizado, hoy en día, con el consabido silencio de corderos, de aquellos conjuros realizados, por otros, con diferentes collares. Localizaban el botín. Organizaban la gente a su antojo. Ponían nombre a una causa y lanzaban la carne, de otros, a la aventura, sin importarles un santo rosario su muerte o resurrección. A través, de las descripciones halladas en diversos pergaminos de los siglos, XIII y XIV, las potencias de aquellos agitados tiempos, católicos y protestantes de la actual Europa, tenían conocimiento de la existencia de una tierra rica en oro y plata, fértil en especias y maderas tintóreas, al otro lado del océano, justo después del llamado, “fin del mundo”, Finisterre. Portugueses, españoles, ingleses, franceses y holandeses, todos tenían el mismo santo espíritu, afán y propósito: atracar, usurpar, despojar, rapiñar, birlar y desplumar, para luego, someter los territorios invadidos a sus tronos y así enriquecerlos. Cuanto más mejor. Y en esas estaban los súbditos del reino lusitano cuando arribaron a las Costas Atlánticas de aquel maravilloso e inigualable lugar, ya, descrito por Vespúcio, como paraíso terrenal, Brasil. Bordaban sus orillas, inmaculadas y blancas, playas bañadas en aguas verdes, añiles y turquesas, coronadas por multitud de palmeras, que de vez en cuando, distraídas se abrazaban. Era, toda, la Costa Atlántica Brasileña, una autóctona brasa verde llena de vida, abundancia y fulgor. Desde Río Grande do Norte, hasta, Río Grande do Sul, en incansable recorrido, la Madre naturaleza, desnudaba con requiebros de siglos y en devota armonía, la suprema riqueza y belleza de todos los reinos naturales.

La nación Tupinambá, era gente de toda índole y condición, con sus respectivas y ancestrales culturas formaban un mosaico de etnias, que al igual que *(1) Bécquer y sus oscuras golondrinas no volverán… La peculiar fauna, desbordaba el conocimiento del más sabio. No sólo por su tamaño o su espectacular colorido, sino por su variedad, riqueza, peligrosidad y exotismo. Guacamayos, osos hormigueros, jaguares, iguanas, anacondas, cocodrilos… Una exuberante y seductora flora cubría sin pudor la tierra virgen, dejando entrever, en todo su esplendor, un lujurioso abanico de colores, olores y cánticos sabiamente orquestados. Entre el cielo y la tierra, marcaban su espacio, incontable variedad de araceas, abetos, bambúes, jacarandas, caucheras…Todas ellas habitadas por loros, periquitos, cacatúas, tucanos y la gama completa de zorzales… El suelo, manto tapizado con flores, plantas medicinales y frutos maduros, perfumaban los senderos en un interminable guirigay de indescriptibles fragancias: gloxíneas, marantas, anturiums, orégano, ruda, jalapa, zarzaparrilla…Helechos fuertes y grandes como palmeras y pequeños y suaves como la cabellera de Venus, (adiantum raddianum). Aguacates, fruta de la pasión… ananás y custodiando ésta inspiración, Gaugeriana, un ciento de musas paradisíacas, las *(2) Musas Sapientum, soltando al viento sus frutos dorados, desde su oscilante y gigantesco corazón de Banano.

Pero la riqueza más inmediata, aquella, que los portugueses buscaban para engordar las antropófagas arcas del Reino, estaba escondida en un solo árbol: el *(3) “Caesalpina Echinata”, conocido por el nombre de pau-brasil, por el flameante color rojo que chisporroteaba, al contacto con el agua hirviendo. Aseguran los expertos, que las diversas etnias, dueñas de la, infinita, Costa Atlántica Brasileña, utilizaban aquella codiciada madera de la que extraían material para sus flechas y tinte para sus tejidos. Del nombre de éste árbol, pau-brasil, que oxigenaba y coloreaba, de norte a sur, la tierra de, *(4) Eugênia Álvaro Moreyra, proviene el nombre del territorio que le engendró, dándole la luz y la savia de la vida: Brasil. Oficialmente, Brasil fue descubierto por Pedro Alvárez Cabral, el 22 de Abril de 1.500, antes pero otros anduvieron por sus bellos paisajes entre ellos, el portugués Joao Ramalho y los españoles Vicente Yánez Pinzón y Alonso Ojeda. Y, siguieron los pasos del reino portugués, holandeses, ingleses, españoles y franceses, enviando sus tropas al atraco, asalto y saqueo. A medida que obtenían la riqueza codiciada embarcaban el majestuoso botín rumbo a la antigua Europa, para regocijo ostentación y poderío de todos los reinos de la tierra y del cielo.
En ese, inacabable, vaivén de llevar, a la Corte Portuguesa, lo rapiñado y desplumado y de seguir, aquella, mandando, sin descanso, colonos al Brasil, las costas empezaron a ser invadidas, por otro tipo de expoliadores. Piratas, corsarios, bucaneros, filibusteros asediaban las tierras de,*(5) Bartira, la guerrera tupi. Para resguardarse de los feroces ataques, los colonos, se adentraban en la selva y de paso, seguían despojándola de sus bienes naturales. Cuanto más se metían más riquezas encontraban. Allí, estaba, allí, en el corazón de la madre de todas las madres, en la Tierra Virgen, el verdadero, el único, el soñado e idealizado El Dorado, porque, allí, en el interior de aquella misteriosa tierra y en lo más profundo de sus entrañas, allí, la Madre Tierra gestaba, sin mesura, miles de hermosos úteros platinados, dorados, plateados, plomizos, negros, rojos. La cueva de Ali Babá se quedaba corta. ¡También los ladrones! 
Llovían los años, 1.680-90 y la fiebre del oro asaltó a la tierra del *(6) Cruzeiro do Sul. Y vinieron los buscadores de oro de todos los confines del viejo continente y se llevaron la sal de las entrañas, limpiaron y birlaron todos los filones y las gemas que pudieron y más…Y como los nativos brasileños escapaban al yugo y a la esclavitud de los portugueses y, éstos, necesitaban manos gratis para seguir desvalijando la patria de,*(7) Joaquín José da Silva Xavier, “Tiradentes”, introdujeron a los esclavos africanos. El exterminio de la carne por el poder y la gloria era el Maná diario. Mientras tanto, las gentes crecían y se multiplicaban dando origen a nuevas razas, nuevas creencias, nuevas costumbres, los llamados mamelucos o malucos, mulatos, zambos… Soplaban vientos de libertad, allá, por el siglo, XVIII y Brasil se independiza de Portugal. Libera los esclavos y llega la libertad con nombre de república: República dos Estados Unidos do Brasil. Pero, por más que soplaron los vientos, no llevaron consigo a los rufianes…Los latifundistas hipotecaron sus tierras y con ellas toda su riqueza y se adueñaron de todo, la Banca y sus amiguitas las Multinacionales…


Después, de todo aquel trajín de gentes, invasiones, colonizaciones, guerras, guerrilla, conspiraciones, asaltos y emboscadas. Del robo a mano armada y sin miramientos de reinos, reinas, reyes, emperadores, gobernadores, corsarios, piratas, bucaneros, filibusteros y multinacionales. Brasil sigue siendo, hasta, el día de hoy, como dicen los versos de su *(8) himno nacional, “gigante por su propia naturaleza / es bello, es fuerte, impávido coloso / y tu futuro refleja esa grandeza”. En sus increíbles, 8.514.872 km2., habitan, 188.098.127, almas. El Amazonas sigue, aún, siendo el pulmón del mundo. Su río, nodriza irrepetible, lleva en sus senos el mayor volumen en agua y la mayor riqueza piscícola…Todavía, la fertilidad sigue bendiciendo el incomparable suelo brasileño. En su flora y fauna, aún hoy, existen especies por clasificar. El poderío de sus sierras, islas, bosques, lagos y montañas. La fuerza de la divina, Iguaçu, (Río Grande), con sus, 276, cataratas, sus saltos y sus riscos, puede mover muchos de los ingenios de la vieja Europa. Y sus gentes…sobre todo sus gentes…maravillosa acuarela de razas y culturas…Las brasileñas y los brasileños portan en sus genes el afán de lucha y de superación. ¡Brasil tiene todo…todo…todo…! Solo les falta una cosa…Una sola cosa… ¡Que no se dejen robar más! El día que así sea, el maleficio del conjuro en silencio de corderos, se desvanecerá y Brasil será la potente estrella del Sur. Como decía, Roberto Carlos… *(9) “É uma brasa, mora!”



Nace en soñado pénsil.

Mariposa.
Delicada…mimosa…
Adorna más que mil rosas.
Ipê…


Flor del Brasil 
*(1) Bécquer 

“Volverán las oscuras golondrinas 
En tu balcón sus nidos a colgar, 
Y otra vez con el ala a sus cristales 
Jugando llamarán.

Pero aquellas que el vuelo refrenaban 
Tu hermosura y mi dicha contemplar, 
Aquellas que aprendieron nuestros nombres…
Esas… ¡no volverán!”

*(7) Joaquím José da Silva Xavier “Tiradentes” http://es.wikipedia.org/wiki/Tiradentes

*(9) “É uma brasa, mora!” “¡Es una brasa, créeme!” “¡Es realmente estupendo!”
http://robertocarlos-internacional.blogspot.com.es/2008/11/blog-post.html




María Evangelina Cobo Zaballa
Castro-Urdiales   (Cantabria) 

* Watson…No sé quién hace esto ni el porqué… ¡Ni desde cuando!
Pero como veo que le gusta tanto…tanto…tanto…mi blog…hasta el punto que sale su www.mybestcv.co.il/TextPage.aspx?id=7978235
He decidido añadir los textos y de esta manera dar más satisfacción al insatisfecho…
Aviso…yo, no comercializo con mis artículos…letrillas…letrinas…traducciones… ¿Vale?