martes, 3 de junio de 2014

DEMOCRACIA ¡FIESTA DE FELICIDAD!



Madrid seis de la mañana. Del autobús a la cafetería, de la cafetería al locutorio, del locutorio a información y de información ¡a la ratonera!
¿A la ratonera?
Sí, Watson, a la ratonera... Y, cómo topo de pueblo, más que ciega y desbordada por la masa  que -suben estrujen y bajen- en marcha, se colocaban bajo el socorrido control del  piloto mental. Me dejé orientar por los usuarios del metro y las indicaciones del mismo. Y, sin contratiempos, llegué a los lugares elegidos. ¡Menos mal que, en cruciales circunstancias, me tomo los obstáculos como una nueva oportunidad! Pero, aquí, entre nosotros, Wa… Cuando terminé y los días siguientes, al levantarme parecía haber estado en  interminable  tiovivo. Para más volteretas, el poco tiempo que permanecía en la superficie, los monumentos, los parques, las plazas, las gentes, me tenían arremolinada. Que si la CibelesLa Puerta de Alcalá…La Gran Vía…El Retiro…y por las esquinas  emigrantes y  puestos de flores, rosas, claveles, nardos...https://www.youtube.com/watch?v=bz0Mk-ZSH7cY, yo, con las puñetas a cuesta…
¡Más puñetas que tú han tenido que tragar los familiares! ¡Y ahí les tienes! Teresa Álvarez, a sus noventa y tres años y Faustina Romeral, con noventa, celebrando la Fiesta de Felicidad…
Espero no tener que esperar hasta los noventa, Wa…Como te iba contando… Después de informarme,  recorrí los sitios oficiales que me habían indicado. A todo esto, había dejado Castro-Urdiales lloviendo y me pateé la soleada capital de España, cual acalorado y revenido cromo, en traje chaqueta, chamarra y con paraguas.  En Madrid hice lo que pude. No hubo tiempo para entrar en mi corre. No conseguí saber noticias de la jueza María Servini. Llamé a la prensa y no supieron informarme. Resumidas cuentas. Realicé la denuncia. -Curiosamente, antes de entrar, en el recinto oficial, me retuvieron la cámara de fotos, pero, no el móvil… En el ambiente madrileño  percibí, un no sé qué de chicha calma. La misma sensación que me ocurre, desde muy chica, cuando va a suceder algo importante-  El autobús de regreso salía a las cinco y media de la tarde. Me faltaba cumplir la promesa…no sabía si podría realizarla. Eran las cuatro y media  y  tenía que estar en Las Américas  a las cinco y media. En el metro, gracias a la pronta atención y disposición de un guardia de seguridad, pude desplazarme a la estación de Atocha sin dar más vueltas. El monumento, a las victimas del 11M, estaba cerrado, abría a las cinco. Me conformé con estar delante y recordar a los muertos. No pude reprimir las lágrimas. Brotaron silenciosas, amargas. Un inesperado escalofrío atravesó mi interior. Aún, estaba en la ratonera. Me había pasado buena parte de la mañana de oca, en oca, en aquel  laberinto abarrotado de gente, números, flechas, escaleras, pasadizos...-suben-estrujen-bajen.  En una ráfaga sentí, escuché y presencie, el terror del fin del mundo. No había tiempo. Si no hacía el mismo recorrido  perdía autobús y billete. Te lo juro, Wa, que si hubiera tenido más tiempo el metro lo iba a coger la abuelita de caperucita.
¡Pobre abuelita! Pero… ¿Y los pololos?
¡Que no son pololos que son Fabiolos! Espera un poco que termino lo del tiovivo y doy unos cuantos repasos a los pololos… Llegué a tiempo. Según me senté, así, me quedé, rendida y en profundo sueño. Cuando desperté estábamos cerquita de Bilbao. Como en un tráiler, las imágenes aparecían y desaparecían  y la sensación de ingravidez tomaba el espacio del autobús. Ya, en casa, en los despertares de los tres días siguientes, la espiral de ingravidez se dibujaba cada vez más tenue. Eh, ahí, que sucedió lo que sucedió…
Cuéntame/ qué/ te/ pasó/
Todos los días del año a las seis de la mañana estoy  en danza. Ayer, al levantarme, un flash de ingravidez. Hasta las siete, la radio y sus noticias. Después, la rutina diaria. A eso de las once entro en un comercio y escucho,  unas  voces, en off, que repiten sin cesar…el rey ha abdicado…el rey ha abdicado…el…rey… el…rey…abdicado…abdicado…Sacudí la cabeza pensando… ¡otra vez el tiovivo!
¿Y los pololos? ¿Cuándo liberarás a los pololos de Fabiolo?
Mañana, Watson, mañana... *Después de todo ¡mañana será otro día!
*Lo que el viento se llevó
Estoy en el Aula de Cultura Eladio Laredo
Ordenador, nº,3.
María Evangelina Cobo Zaballa
Castro-Urdiales   (Cantabria)