viernes, 19 de octubre de 2012

SECUESTRO EN EL HOSPITAL DE CRUCES




Sí, Watson, sí. Cuando, el pollito, tempranero, me dijo, lo que me dijo, clavando, en mis pupilas, su  negrura fría, despótica,   llena de hiel y de poder,  estremecí. Pero, no por miedo, no. No, el miedo a otro secuestro. No, el miedo a morir. No. El miedo que  sentí era el de no poder  acabar con las indagaciones y verificaciones de los papeles que había dejado el difunto. Me faltaban unas cuantas puntadas aquí y algún zurcido que otro. Era el miedo al vacío. El vacío  de no poder terminar con la meta de mi vida que siempre fue, después de criar a mis dos hijos, saber quienes y porqué  el pueblo, en el que había nacido y  por  quién tantos sacrificios había hecho; no solo se había olvidado de mí sino que no había movido ni un solo dedo. Quería saber con certeza quienes habían desbaratado una industria conservera de primera y  se habían repartido los bienes de Jacinto y  mis bienes gananciales, y, sobre todo, a cambio de qué.
Creí a pies juntillas al secretario. Lo  que me vino a la cabeza fue, si, por “La Rima de los Ones”, acabé arrestada, en el Hospital de Cruces y me llevaron secuestrada al Hospital de Zamudio, en la sección de agudos. ¡Que no me harían ahora! Ahora que saben  la investigación que he llevado a cabo, y, donde aparecen sin ningún tipo de maquillaje quienes son  los monstruos que se han aprovechado de una tragedia personal para amasar una buena fortuna.¡ y vivir de lo lindo!
No entré, en el partido para investigar a nadie. Ni soy espía de nadie. Ni chivata de nada, ni de nadie. Ni buscaba puesto alguno. Entré, en el partido, porque quería hacer una labor social. Como siempre he realizado por libre. Lo que sucede, en el partido de Castro-Urdiales, es vox pópuli. Hoy en día cualquiera puede saber quien  está afiliado, o, no  al partido. ¡Trogloditas! El encargado de las finanzas pasa  las cuotas por el banco.
Yo, estaba  investigando  mi vida personal. Estaba investigando los papeles y las fotografías  que, Jacinto Lococo Cortázar, había dejado. ¡Ah, pero, quien la hace la teme! Y, en  la Rua, 13, convivían, alegremente, los cuatro y el de tambor quienes cubrían el cupo correspondiente de corrupción establecida, en toda entidad social donde vagos, aprovechados y maleantes medran a costa de la buena voluntad y sacrificio de primas y primos.
Sucede que la pedofilia y otros crimines fueron sofocados, cultivados y amparados por gente que luego se repartió, primero, la empresa y luego todas y cada una de las propiedades, merced, al beneplácito de  cristales rotos de partidos, sindicatos y ayuntamientos.
Y los cuatro y el del tambor hicieron sonar el toque de queda y me juraron muerte sin cuartel. Y fueron preparando el sepelio, “ piano, piano se ne va lontano”… Tan detalladamente como acabaron con la empresa. Tan minuciosamente como la muerte de, Jacinto Lococo. Tan a lo nazi como han zanjado mi propia vida y existencia. ¡Nazis son Nazis! No tengo la menor duda.
En Potugalete, al tiempo que me tiraban anguilas vivas cuando estaba cuidando el jardín. Me rociaban con un spray que llaman de defensa. Creí que era alergia ¡Y quién puede pensar semejante método! Solo… los nazis… Hice las pruebas y nada. Tenía una rinitis que me producía una sinusitis. El médico me recomendó, por si acaso, controlara cuando me aparecía el sarpullido y  los picores. Notaba que solo tenía el sarpullido y los picores cuando llegaba a casa y que se pasaba a la hora de estar dentro. Luego, comenzó el mismo proceso nada más salir al jardín.
Unas veces los ojos se ponían como botas y la cara y las manos rojas y llenas de pequeñas ampollas. Otras, el cuerpo me temblaba por dentro y el resquemor me salía hasta por las orejas. Además, notaba que los picores  y temblores solo me sucedían al llegar a casa o después de salir al jardín. A medida que pasaba el tiempo los picores llegaron a ocurrir en el portal para, después, acontecer cuando iba a la panadería al mercado.  
Me desplazaba a Castro-Urdiales, o, a las Arenas y no me pasaba nada ni inflamación ni tembleque ni sarpullido. Fue cuando comencé a sospechar que entraban, en mi casa y que los hechos  se sucedían desde que había denunciado el, presunto, robo del hotel y el desbarajuste que estaban haciendo con mí vivienda, los dos, únicos, vecinos y propietarios. Fue cuando pedí ayuda a unos compañeros de clase y me dijeron que por las esquinas estaban los familiares y amigos de vecinos que hacían  la ronda... Y me contaron lo del viejete que se hacia pasar por amante…
Watson…te dejo porque tengo muy abandonada la prensa internacional y voy a contar un chiste alemán o algo que se le parece…

* Rima de los Ones
María Evangelina Cobo Zaballa
Castro-Urdiales   (Cantabria)