domingo, 21 de octubre de 2012

SECUESTRO EN EL HOSPITAL DE ZAMUDIO




Amparada en  las encomiendas a los espíritus y demás reflexiones llegué a la conclusión siguiente, si, no me tiraban a un pozo, como me habían amenazado, en Portu, y  me llevaban a otro hospital  ¡o vete a saber donde!  Fuera donde fuera, en cuanto me quitasen lo que me habían puesto, en la boca, diría al primero que encontrara  lo que había pasado.
A todo esto, en posición horizontal iba observando pequeños detalles para ver si podía ubicarme. Percibí que estábamos llegando a lugar habitado y que el furgón se paraba. Pensé… ¡Eva, alerta!
Conmigo venía uno que hacía de chófer y otro más. Abrieron  la puerta y el más delgado de los dos, moreno, aproximadamente, de mi altura, delgado,  a lo, moreno de verde luna se acerca y me dice mientras me quitaba la mordaza, “pórtate bien, ya sabes”. Con cara de espanto, asentí con la cabeza. Y le observaba…estaba muy nervioso…le temblaba el pulso y  por sus poros transmitía  ese desasosiego, ese temblor interno que emite todo aquel que está cometiendo algo malo. ¡Watson! ¡Ay! Watson! Recordando… ¡Estoy, absolutamente, segura! La persona que encontré, el otro día, en las escaleras de mi casa, en Portugalete, cuando fui con los especialistas era él. Sí. Era él. Un poco más hecho, pero, era él. Lo sé con  seguridad porque percibí ese nerviosismo... ese temblor interno…Ese…
Definitivamente, era el mismo y dijo que subía al segundo piso del edificio. Seguramente, vino  para meterme miedo y quién se  debió de llevar un buen susto fue él porque yo bajaba con el cachivache de metal en  la mano que estaba arreglando mientras esperaba a las personas con las que había quedado. ¡Pena no haberme dado cuenta antes!  Años que no le veía…
Pasado el recordatorio actualizado  de una de las personas que participó en el  secuestro de Cruces y de Zamudio, sigo con el hilo conductor de los hechos que sucedieron en el nuevo encierro.
Al encuentro del furgón vinieron dos enfermeras. Nada más pude abrir la boca, con toda la calma que pude, les dije, lo mismo que  había repetido al médico, celador, y a los que me habían sacado de urgencias, en volandas. Esto es una equivocación….Lo único que añadí fue el asunto de las correas atadas a las muñecas. No había ni marcas ni señales de forcejeo. Mi pulso era normal. A pesar de todos males estaba, como tengo costumbre ante la adversidad, tranquila, segura y alerta. Las enfermeras hicieron unas preguntas a los que me entregaron. Y sin mediar palabra  se disponían a ingresarme cuando apareció un grupo de tres o cuatro personas. Viendo que se me acababa la oportunidad de corrección del atropello y con las pocas fuerzas que tenía dirigiéndome a ellos pedí auxilio de la misma forma y con las mismas palabras que había pedido anteriormente, en la sala de urgencias del hospital de Cruces. El grupo se preocupó e indagó a las enfermeras. No pude saber que les dijeron…Elemental querido Watson… ¡Qué iba a ser! ¡Loca!

-Loca fue lo que alegó mi marido, Jacinto Lococo Cortazar, cuando le denuncié por abusos. Y, Ana Gloria Zubiaurre Sánchez, Ana Gallastegui Roca, y otras Anas y otros Anos y sus respectivos familiares pueden dar fe de mi locura. ¡Loca!  Y gané el juicio. ¡Loca!  Y he soportado pleno tras pleno la presencia de miembros indeseables del ayuntamiento de Castro-Urdiales, sin una sola manifestación de estomague. Sentadita en el sillón junto con varios pimpones estaba Ana Gloria Zubiaurre Sánchez, concejal de Turismo y Negocios y los que han participado, en el festín del robo de mis gananciales. Sí. Sí. Sí ¡Estoy loca! ¡Por defender a mis hijos. ¡Estoy loca! ¡Por defender mis derechos. ¡Estoy loca! Por denunciar la corrupción existente en el ayuntamiento de Castro-Urdiales y en el de Portugalete. ¡Estoy loca! Sí. Sí. Sí. ¡Estoy loca!-

Me secuestraron en el pabellón de agudos del hospital de Zamudio. Entré y pasaron un cerrojo…y…otro…y…otro. Me mandaron  desvestir. Me desvestí. Me entregaron la ropa del hospital. Un camisón enorme. Una bata diminuta. Unas zapatillas pequeñas. No me dieron peine, dijeron que por seguridad... Mi aspecto en aquellas condiciones era como os podéis imaginar. El camisón asomaba por la bata tres palmos. No podía caminar bien por las zapatillas y la melena rizada, entre las distintas posiciones tomadas y el quita y pon ropa  estaba muy alborotado y sin manera de ponerle orden porque no tenía  con qué. Peine, lo que es peine, no…   ¡Me habían preparado una buena peineta!
A las personas responsable del departamento de agudos les dije lo que había venia repitiendo al resto de los secuestradores. No decían palabra. Me pasé la noche en vela. No podía llamar a nadie hasta pasadas las veinticuatro horas de ingreso es lo que me dijeron.
En el momento que me dejaron llamé por teléfono a una amiga. Mis hijos estaban fuera. Al poco tiempo viene. Estaba más asustada y preocupada que yo pero mantuvo la calma y me conforto en lo que pudo. Pedí  papel y boli y expuse lo que me estaba pasando y le dije  que si me pasara algo que entregase el escrito a la prensa. ¡Se me cerraban  los ojos de sueño! ¡Seguro es porque hay elecciones! Y tienen miedo que aparezcas con todos los muertos del hotel, comentó un amigo que vino de inmediato  a saber qué me habían hecho. Me enteré que no podían retenerme contra mi voluntad y menos sin haber cometido ningún tipo de delito, sin una figura familiar y sin orden judicial.
Hice una petición escrita dentro del hospital y la entregué a una de las enfermeras que dijo ser la jefa de departamento. Pasaron dos largos días y nada. No quise avisar a mis hijos porque tengo por costumbre solucionar mis asuntos por mí misma y para más fastidio, uno de ellos se encontraba en un esperado congreso. Yo estaba secuestrada pero bien. Menos ropa decente, no me faltó de comer ni de beber. Me proporcionaron los medicamentos que habitualmente utilizo, 100 mgrs., de acetíl salicílico para el corazón y Fiorinal codeína para la  sinusitis.
El personal de servicio y ciertos enfermeras estaban mosqueados con mi presencia porque  repetía…repetía…  que estaba secuestrada…y…contaba lo del hotel de Portugalete…cómo lo había descubierto…qué estaban haciendo con mi casa…y…repetía…y… seguía como las  alcalinas.
Al tercer día el espíritu resucitó…y…fue de la siguiente forma, comenté a una de las enfermeras que lo que me estaba sucediendo era un de error o abuso de poder y zanjé las explicaciones advirtiendo que si, no me dejaban salir que sería  ella la responsable de mi secuestro. Tú y el resto del servicio estáis observando mi comportamiento y actitud. Yo, soy profesora de inglés, si, en mi clase  envían a una persona de francés y no comunico al jefe de estudios, o, a la dirección del  colegio la equivocación;  la responsable de esa anomalía  es la persona que está cualificada para saber si la persona que  han enviado habla inglés o francés. ¿Entiendes? A medida que iba desarrollando el ejemplo  la jefa iba tornándose lívida… Me respondió, entre cortada, que quien tenía que dar el alta era la dirección y que ella no podía hacer nada aunque quisiera.
Me dieron el alta después de mucho batallar. El personal de servicio de Zamudio y familiares de los enfermos  que barruntaron mi situación me ayudaron. Nunca olvidaré sus nombres, afortunadamente, tuve la precaución de guardar sus señas. Nada más salir del encarcelamiento interpuse una denuncia, en el Juzgado de Baracaldo. ¿Qué crees tú que aconteció, Watson?  No, mira…mejor se lo preguntas a la letrada que me asistió! Y, si, no vete a indagar qué pasó con el secuestro, primero, en el Hospital de Cruces y de inmediato al Hospital de Zamudio.
Y…yo, me pregunto, Watson. ¿Por qué me tuvieron esperando tantas horas en urgencias de Cruces? Y… ¿Por qué, si, estaba tan enferma no me atendieron de inmediato? Y… ¿Por qué me metieron en aquel cuartucho y me dejaron sin atención durante horas? Y… ¿Por qué siendo un hospital de la categoría de Cruces no me llevaron a una planta? Y…. ¿Por qué no me dieron ni alimento ni medicación?
Y…entonces… ¿Es que un hospital de la categoría de Cruces, mete a los enfermos mentales, en cuartuchos? Y…entonces… ¿Es que los dejan solos sin atenciones primarias? Y…entonces ¿Es que el hospital de la categoría de Cruces no tiene una planta de psiquiatría? Y…entonces… ¿Es que las personas que van solas a urgencias por una erupción cutánea,  las dan por locas y las encierran en un cuartucho? Y…entonces… ¿Es que  las tienen retenidas durante horas sin atención y las envían a otro hospital para el encierro total?
Y… ¿Por qué, en el hospital de Zamudio se me encerró durante casi una semana?
Y… ¿Por qué en  el pabellón de agudos?
Y…entonces…. ¿Es que en   el hospital de Zamudio no saben que no se puede retener a nadie en contra de su voluntad?
Y…entonces… ¿Es que en el hospital de Zamudio no saben que no se puede privar de la libertad a nadie sin que lo sepan sus familiares?
Y….entonces… ¿Es que en el hospital de Zamudio no saben que no se puede amarrar y reducir a una persona sin  orden judicial?
Como te dije hay mucho que investigar. Ya sabes dónde están los documentos. Los nombres de las personas e implicados. Los juzgados donde han fabricado mi  crematorio. Todas y cada una de las  demandas se encuentran, en los juzgados de Baracaldo y en el de Castro-Urdiales.
Y, por favor… ¡No dejes de buscar a un cerdo con label!

Intento de secuestro del secretario del ayuntamiento de Castro-Urdiales

Mobbing en Portugalete

Mobbing en Castro-Urdiales: Local

Derramas goteras… Castro-Urdiales

Treinta y cuatro años de indignación

“El artículo 451 del Código Penal castiga al que "con conocimiento de la comisión de un delito y sin haber intervenido en el mismo como autor o cómplice, interviniere con posterioridad a su ejecución ocultando, alterando o inutilizando el cuerpo, los efectos o los instrumentos de un delito para impedir su descubrimiento". 


María Evangelina Cobo Zaballa
Castro-Urdiales   (Cantabria)